Indagar en la flora regional para conectar con el ser

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Carla Colombo es una joven fotógrafa que nació en Resistencia (Chaco) y hace un tiempo decidió vivir en Europa, pero al cabo de un par de años, emprendió el regreso para habitar bajo los cielos del Litoral argentino. Según contó en una entrevista concedida a Quintaesencia, sintió que necesitaba cambiar de estilo de vida, salir del consumismo que es casi obligatorio en las grandes ciudades y buscar otro, que le permitiera vivir en conexión y coherencia con su sentir y su hacer. 

Esa decisión la trajo de nuevo a estos pagos hace un poco más de una década. De a poco, fue dándole forma a la idea de mudarse a una casa en Paso de la Patria que tiene como parte del patio trasero, al ancho -aunque bajo por estos días-, río Paraná. Allí, comenzó a gestar algo así como un gran laboratorio en el que identifica, estudia y hasta alquimiza distintas plantas e hierbas. 

Toda esa mixtura dio origen a que iniciara un proceso de exploración de la naturaleza a través de la fotografía. En el año 2019, accedió a una beca del Fondo Nacional de las Artes para desarrollar un herbario de plantas de la zona de la ribera del río Paraná, a la altura de la villa turística donde vive. “Cuando estaba empezando a desarrollar el proyecto, se declaró la pandemia del Covid-19, lo cual por supuesto me generó un sinnúmero de inconvenientes para moverme. Como consecuencia, no pude trasladarme a las islas de la zona, pero como muchas de las plantas que están presentes allí también están acá, cerca de mi casa, empece a trabajar igual en mi propuesta”, contó la joven. 

Hace un par de semanas presentó una primera parte del proyecto, denominado “El valor de las hojas sueltas”, y lo expuso en el Centro Cultural Universitario de la UNNE. Los trabajos presentados se realizaron utilizando la técnica del fotograma y cruzando la creación artística con el conocimiento científico y popular sobre la flora.

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“Esta iniciativa está a su vez íntimamente ligado a un emprendimiento que realizo aquí en mi casa que se llama Subtropical Vivarium, en el que también puedo plasmar gran parte de mi trabajo de investigación sobre las plantas de la zona”, indicó Carla. 

Según contó, esta propuesta nació allá por el 2016, cuando decidió formalizar todo lo que venía realizando en ese proceso de indagación en las plantas, de la mano también de la fotografía. La idea para desarrollar esta propuesta surgió alrededor del año 2010, cuando Carla realizó un trabajo sobre paisajes y cuerpos desnudos en el corazón del Impenetrable. Allí, afloró un interés por indagar y conocer especies nativas de árboles por lo que en cada viaje que hacía, iba recolectado semillas y empezó a sembrarlas, “y cuando me quise acordar, tenía un montón de plantines”, contó. 

En paralelo, también fue afianzando el anhelo de cambiar de hábitat y dejar la ciudad para instalarse en un ambiente con más naturaleza, lo que a su vez fue signando su trabajo y decidió iniciar un vivero de especies autóctonas, “que, si bien tenía un fin comercial, también significó iniciar un poco una causa para revalorizarlas”, apuntó la joven artista.

Después, empezó a indagar sobre los beneficios medicinales y alimenticios poseían de las distintas plantas, como también a iniciar su propia huerta y vender plantines. 

Por otra parte, y casi como lógica consecuencia, comenzó a investigar cómo las podía transformar sus aportes medicinales para uso y consumo humano. Así, inició la producción de cremas corporales, tinturas madres, mezclas de hierbas para el té y el mate, para condimentar y hasta sahumos, con muchas de las cuales crecían en forma natural en su casa y en las inmediaciones, además de las que iba cultivando. 

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Puertas abiertas

Cuando esta movida iba creciendo, Carla decidió abrir las puertas de su casa para comenzar a compartir muchas de las experiencias y el saber recopilado como parte de su trabajo. Así, se realizaron un sinnúmero de actividades como clases de yoga, meditaciones, cursos de alquimia de hierbas medicinales, entre otras. 

“Todo esto pasó antes de la pandemia, claro está, y pudimos vivir experiencias, compartir saberes y ratificar que esta es la forma de vida que quiero. Cada una de los encuentros que pudimos realizar fueron muy importantes porque se generaba un ida y vuelta más que interesante”, remarcó. 

Teniendo en cuenta el gran caudal de información que fue recabando en todo este tiempo, la herbolaria y fotógrafa baraja distintas opciones para ir plasmando en algún soporte para así, seguir compartiéndolo. “Me gustaría poder hacer un libro o armar algún espacio digital para reunir lo que fui recabando en este tiempo para que también sirva a otras personas”, puntualizó. 

Seguramente cuando el aislamiento por la pandemia del Covid sea parte del pasado, el espacio-laboratorio de Carla volverá a abrir sus puertas porque sin dudas, el compartir los buenos saberes puede marcar la diferencia en la vida de las personas. 

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María del Carmen Ruiz Díaz

Periodista, comunicadora social.
Nacida en Saladas, provincia de Corrientes, Argentina.
Editora en Noticias Quintaesencia y Diario La República Digital.
Coordinadora de radio digital La R.
Co-fundadora de 1816 Consultora de Comunicación.

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