Marvilán, la química que reprogramó su mente para sanarse y compartir su saber

meditar

marvil

Marvilán Guevara es terapeuta de medicina cuántica y licenciada en Química. Podría parecer que ambas carreras, oficios o profesiones están separadas por un abismo porque, por un lado, hablamos de terapias alternativas cuyos resultados se comprueban a partir del sentir y por otro, de ciencia pura y dura, de esas que se estudian y comprueban en un laboratorio. Pero, como ella misma dice, ambas están estrechamente relacionadas.

Por este tiempo, Marvi está viviendo en España por lo que para la entrevista -vía Zoom- con Quintaesencia, hubo que combinar horarios que a ambas partes le quedaran bien.

Tras unos minutos de charla sobre cómo fue el camino que esta periodista debió andar para encontrarla, comenzó la entrevista en sí con la pregunta casi obligada:

¿Cómo llegaste al mundo de lo holístico y las meditaciones, una de las facetas por las que sos más conocida en Youtube?

Es el resultado de un largo camino que comenzó a los 14 años, cuando atravesé muchos procesos de salud a raíz de tres enfermedades inmunológicas, dos de ellas desencadenadas a partir de la primera que fue Lupus eritematoso sistémico. Una patología que para el sistema inmune es muy agresiva y que, por ejemplo, me afectó la parte cardiovascular y neurológica.

Cuando empecé con las primeras manifestaciones más fuertes tuve que dejar todas las prácticas deportivas, que me encantaban porque siempre fui muy deportista. Entonces comenzaron a hacerme muchos estudios y en principio, los médicos concluyeron que se debía a algo inmunológico pero que no tenían muy claro qué era. Tiempo después, concluyeron en que era lupus y en esa época y en mi país -pues yo soy venezolana- la única manera de tratarlo era con medicamentos muy agresivos, entre ellos quimioterapia oral, debido a que también comenzaba a verse afectado el vaso.

Por supuesto en ese tiempo, mi vida era visitar a los médicos, someterme a estudios y hacer reposo, pero algo que yo nunca dejé de hacer fue estudiar, más allá de que los médicos me desaconsejaban hacerlo.

Así y todo, pude terminar el bachillerato, controlando dentro de lo posible la enfermedad, porque también se iban generando otras patologías secundarias. Para esa altura, ante cualquier consulta sobre si podía hacer alguna actividad, las respuestas eran siempre no, más allá de que era sometida continuamente a estudios y viendo a un sinnúmero de especialistas.

Tanto es así que llegué a ser paciente de un área que se denomina Medicina Experimental, en el IVIC (Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas), donde se estudian enfermedades extrañas y raras, porque se seguían sumando las enfermedades "incurables".

En todo ese tiempo, los médicos nunca me dijeron: "No te preocupes, te vamos a dar un tratamiento y te vas a curar". Todo esto me llevó a preguntarme para dónde iba porque al parecer, nunca me iba a sanar.

Los médicos nunca me dijeron: "No te preocupes, te vamos a dar un tratamiento y te vas a curar". Todo esto me llevó a preguntarme a dónde iba porque al parecer, nunca me iba a sanar.

 ¿Y cómo podías sobrellevar esos días, ese tiempo con todas estas patologías?

A medida que mi cuadro se iba complicando, yo sentía que lo único que me hacía vivir era estudiar porque era donde socializaba, era donde me podía reir y donde podía alejarme y no sentirme enferma, además de mantener la mente ocupada.

Cuando terminé el bachillerato, quise estudiar Medicina, pero el Universo se encargó de decirme que no, que no era por ahí. Por supuesto que en ese momento me sentí con rabia, molesta, pero pensé: "Por algo será". No obstante, también me había inscripto para estudiar Química y allí, sí pude acceder, pero, los médicos me decían que no podía hacerlo por la gran demanda física que me iba a generar. Y yo dije, "no, es lo único que me hace sentir viva".

Pero en ese momento surgieron una serie de complicaciones cardiovasculares, me realizaron una serie de intervenciones. Pero a pesar de todo eso, mis padres y mis compañeros, se organizaban y me llevaban a clases. Pero entonces comenzaron las complicaciones neurológicas.

En ese punto, los médicos me dijeron que las complicaciones eran cada vez más y me alentaban a que si tenía algún sueño, ese era el momento para cumplirlo. Entonces les pregunté si me estaban desahuciando, y me dijeron que no pero ya no sabían cómo controlar todas las patologías que había desarrollado. En ese momento, tenía 19 años.

Cuando salí de allí, le dije a mi mamá: "Ya no son los médicos los que me tienen que decir cómo voy a vivir mi vida porque ellos no lo saben, no saben cómo curarme".

A los 19 años, los médicos que atendían a Marvilán la "desahuciaron" porque no podían controlar sus enfermedades.

 Y entonces, ¿qué pasó?, ¿cómo reaccionaste?

Llegué a mi casa, me puse a llorar y le pedí a Dios que pusiera las herramientas en mis manos para que yo me pudiera sanar porque ya no había quién lo pudiera hacer. En este punto, mis padres me llevaron a todo tipo de médicos y hasta de distintas prácticas. Pero entendí, en ese momento, que debía hacerme cargo de mi curación.

Días después, una amiga me habló de un libro y era Usted puede sanar su vida de Louise Hay y comencé a leerlo y, por supuesto, chocaba con mis creencias porque yo me había criado en una familia católica. Y lo más difícil fue leer que la parte en que ella dice que todas las enfermedades que padecemos, son nuestra responsabilidad; eso me molestaba mucho y tiraba el libro y pensaba: "¿Qué le pasa a esta autora? Si yo soy una niña tan buena como para haberme provocado todo esto".

Días después lo agarraba de nuevo y lo volvía a leer. Entonces me dije, casi parafraseando a Albert Einstein: "Si todo lo que has hecho hasta ahora no te ha funcionado, ¿qué pierdes?".

Entonces lo leí dos veces e hice todos sus ejercicios, que no fue fácil porque hacer la Terapia del Espejo de mirarme y decirme que me amaba, cuando mi rostro parecía la luna y no tenía cabello, porque había pasado por la quimio, y tener que reconocer que no me amaba por todo lo que había pasado.

Poco a poco, comenzaron a haber cambios en mi cuerpo y empecé a buscar explicaciones científicas, empezando por las emociones, porque tuve que enfrentarme a mí misma y tratar de entender qué me había pasado. Y allí, me apasioné con este mundo de la cuántica.

 ¿Y por dónde seguiste indagando?

¡Uy! Pués yo siempre fui muy curiosa, asi que fui leyendo e investigando todo lo que podía, desde el Ho'ponopono hasta Joe Dispenza. En todos iba buscando la explicación, el fundamento, asi que pasé por todo tipo de literatura también, desde la Biblia, Un Curso de Milagros, kabbalah, lo que te imagines.

Todo me llevó a concluir que al final, todas estas técnicas que iba estudiando parten de lo mismo para llegar a lo mismo, pero te lo dicen de manera diferente, y es que todo parte del cerebro, de cómo son tus pensamientos y cuáles son las reacciones químicas y bioquímicas que se generan en nuestro cuerpo para generar las emociones y como éstas -a su vez-, inciden en nuestro cuerpo. Es decir, todo lo que nosotros generamos desde adentro hacia afuera, en las distintas áreas, y que atraemos a nuestra vida.

Todo este conocimiento me permitió ir comprendiendo cada uno de los procesos que pasaron en mi cuerpo y las iba aplicando en mí. Esto fue posible a que mi familia, mis papás y mi hermana, me fueron ayudando.

Cuando comencé con este proceso en forma más intensiva, justo empezaron las vacaciones y mientras mis compañeros se fueron a la playa, yo me dediqué a meditar de la mañana a la noche durante tres meses. Y los cambios físicos fueron impresionantes porque había adelgazado, comencé a sentirme cada vez mejor, todo fue producto de los cambios paulatinos que fui haciendo desde la forma de hablar hasta la actitud que tenía ante la vida. Y cuando me preguntaban qué me estaba pasado, yo les decía que me estaba reprogramando. Los cambios fueron consecuencia de que yo había decido creer en este proceso.

Y qué pasó con los médicos, ¿te acompañaron en ese camino?

A medida que los cambios se fueron afianzando, decidí que debía dejar de a poco los medicamentos para comprobar que mi cuerpo estaba funcionando y muchos me dijeron que no, pero uno me dijo que sí, fue un médico que decidió creer en mí. Para eso, todas las semanas me tenía que hacer análisis de sangre y poco a poco, todos los medicamentos me fueron retirados. Un año después de haber iniciado este proceso, pude gritar que ¡me había curado de todo!

Esto lo logré sólo con lo que había decidido realizar, es decir las meditaciones, las afirmaciones, mi alimentación y mi actitud ante la vida. Todo esto me ayudó a sanar y aún hoy, son parte de mi vida y doy gracias a todo lo que pasé, porque se convirtieron en mis maestros.

gallery-1495485514-portada
Meditación, uno de los pilares de la sanación en la vida de Marvilán.

Marvilán, la terapeuta

Todas estas experiencias, todo este bagaje de conocimiento, ¿cómo lo aplicás en tus terapias?

Desde la empatía, es entender a las personas que me consultan hasta a lo más profuno de su ser, es decir sus emociones y entender por qué sienten así, por qué piensan así y entenderlas desde el amor, porque con mi proceso entendí que, sólo amándome, podía llegar a lo más profundo de mí y conectar con este espacio.

Y allí, también comencé a fusionar la química porque fui entendiendo estos procesos desde la cuántica porque comprendí que esas largas fórmulas que los profesores nos explicaban en la facultad, llegaban a la conclusión de que te puedes sanar sólo con tu mente, pero no tenemos idea de que es posible porque lo pensamos y sentimos totalmente abstracto. Por eso, la conclusión es que mi amor propio es lo que hace abrirme al campo de todas las posibilidades e ir entendiendo todo lo que me fue pasando y cómo me fui sanando. Esa sanación se puede dar tanto en la salud como en las emociones.

¿Pudiste hallar las emociones que desencadenaron tus enfermedades?

Sí, yo quería entender por qué había pasado en mí para yo generar todas estas patologías. Y una vez que encontré la raíz, mi siguiente pregunta fue, “Y ahora, ¿qué hago con esto?” Porque ahí empieza un proceso de desinstalar ese programa que creó todo ese patrón de conducta o creencia que se fijó en cada neurona.

Para esto, fue fundamental la meditación porque fue donde pude encontrar la raíz y realizar este proceso. Y en este punto, fue de gran importancia un libro de meditación de Osho porque me permitió entender desde la física cuántica, qué significaba esta práctica que involucra a la mente y el cuerpo, para enfocar la atención en algo y así reducir al mínimo pensamientos o sentimientos que nos distraen o causan tensión.

¿Cómo comenzaste a acompañar los procesos de otras personas?

Algunas de aquellas personas que me habían visto atravesando mis enfermedades, se acercaban a preguntarme cómo lo había hecho y si les podía ayudar. Entonces yo les decía que les iba a contar cómo fue mi camino. Después, eso fue creciendo y entendí que debía armar una estructura para poder acompañar a otras personas.

Y allí, entendí que las afirmaciones son fundamentales y son la primera parte del acompañamiento y después las meditaciones cuánticas, las cuales las vamos enfocando de acuerdo a lo que cada persona necesita. Pero también fui entendiendo que si bien podía brindarles ayuda para acompañar sus procesos, no podía hacerlo si ellos no lo pedían porque esa era su decisión y a mí, sólo me tocaba entender y respetarlos.

No obstante, y a raíz de que más personas me fueron pidiendo que las ayudara, decidí ir estudiando y profundizando sobre otras patologías para poder empatizar con ellos. Ese camino de seguir aprendiendo me llevó a obtener un lugar en el área de Bioquímica en el edificio principal de Biología Molecular de la Universidad, donde tuve la oportunidad de compartir con biólogos químicos, bioquímicos, inmunólogos, infectólogos, entre tantos.

Allí, estuve a cargo del laboratorio de Bioquímica, donde llevábamos a cabo investigaciones y comenzamos a compartir información y a generar cierta simbiosis con la física cuántica y demás. Pero después emigré a España y al cabo de un tiempo, comencé a trabajar haciendo este tipo de terapias.

¿Y por dónde continúan los desafíos de Marvilán en la actualidad?

Junto con una compañera de la Universidad, que es doctora en Bioquímica, estamos trabajando en un proyecto sobre cómo entender y acompañar a la mujer en los procesos de menopausia. También estamos desarrollando una propuesta que involucra medicina integrativa para ayudar a las personas que están atravesando procesos de salud, como por ejemplo terapias neural, células madres y demás. Con este proyecto, buscamos sumar más herramientas para la autosanación.

De esta manera, buscamos seguir ayudando a las personas sin perder de vista las emociones, que son la base para abordar las curaciones o sanaciones.

¿Qué lugar tienen las afirmaciones y la meditación en tu vida?

Después de otras situaciones de salud difíciles que me pasaron, entendí que ambas herramientas tenían que ser parte de mi vida cotidiana como lavarme los dientes porque soy humana, si no lo hago, traen consecuencias. Con las afirmaciones y la meditación, es lo mismo, debe ser una práctica de vida. Porque todo lo que pasa en nuestra vida, es nuestra responsabilidad, por más duro que esto sea pero es necesario verlo así. Entonces, somos nosotros mismos los que tenemos que hacer los cambios.

¿Qué lugar tienen las meditaciones de Joe Dispensa en tus terapias?

Tenía uno de sus libros pero no lo había leido hasta que alguien me habló de él. Entonces, empecé a buscarlo y me encantaron porque también me da la explicación desde el punto de vista de la neurociencia. Y me parece muy práctico porque ayuda a hacer cambios rápidos. Me encanta porque además todo está muy estudiado, desde la música, el tono en que él hace las guías, es muy impresionante. Es, sin dudas, un maestro.

¿Cuál es el propósito de vida de Marvilán?

Ayudar a quienes pasan por distintas situaciones de salud con estas herramientas que yo utilicé porque, en definitiva, todo surge de la disposición que tenemos a hacer los cambios. Para mí, hoy por hoy, no hay nada incurable si así lo decides creer. Esa es tu decisión.


Para conocer más sobre el trabajo de Marvilán, pueden ingresar a su canal de Youtube: Marvilán y su cuenta de Instagram: marvilanguevara.

María del Carmen Ruiz Díaz

Periodista, comunicadora social.
Nacida en Saladas, provincia de Corrientes, Argentina.
Editora en Noticias Quintaesencia y Diario La República Digital.
Coordinadora de radio digital La R.
Co-fundadora de 1816 Consultora de Comunicación.

Te puede interesar

¿Querés recibir nuestras noticias?

Te puede interesar