“Una pieza de barro tiene el valor de la unicidad, la belleza de lo diferente”

HISTORIAS QUE INSPIRAN 09 de octubre de 2021 Por Josefina Echezárraga
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Tere Capurro: “Ceramista es lo que Soy”

Hay charlas que por distintas razones se dilatan en el tiempo, entrevistas que no logran encontrar un momento para su concreción. En Quintaesencia, aprendimos que las notas que cada semana se concretan, son las que deben ser. En esta oportunidad, la entrevistada fue Teresita Capurro, una mujer que con humildad y simpleza, además del profundo respeto y amor por lo que hace, nos cuenta sobre el mundo de la cerámica. 

Vive en Resistencia (Chaco). Es arquitecta pero en sus manos lleva la misión de construir objetos de uso cotidiano. Nos cuenta que son las jarras de mesa el objeto que más le gusta hacer y al consultar el por qué, sonríe, y resume: “Es que son sumamente útiles”. A través de esta nota, te invitamos a conocer no solo a la ceramista, sino también un poquito a la persona que talla a mano cada objeto, sin olvidar su esencia. 

¿Cómo descubriste que tu pasión era la cerámica? 

Cuando tenía 11 años, por cuestiones de trabajo de mi padre, nos debimos mudar a Alemania. Allí la escuela era doble turno, así es que por la tarde las opciones eran deportes – para lo cual jamás fui muy buena-, música – todos saben que tengo orejas, pero no oídos- y la tercera opción era arte, ahí sí sentía que podía andar bien. Un día, visitamos una abadía benedictina, donde los monjes hacían no solo licor, sino también, los envases que eran de barro y los hacían en un alfar. Aún recuerdo ese momento en el que entre a ese espacio, recuerdo todo, los olores, la luz, el silencio, la humedad del ambiente, sé que ahí comenzó todo. 

¿Qué pasó luego? 

Volvimos a Resistencia dos años después, hice algunos cursos, pero aquí la cerámica no estaba expandida, en el último año del secundario pude ir de intercambio a Estados Unidos, donde me capacité y al volver, ingresé primero a la Facultad de Diseño Industrial en La Plata y por cuestiones del contexto político y social, mi familia me dijo que busque una carrera en Chaco, así entré a arquitectura. Luego me casé pero en mi vida de una u otra manera, siempre estaba presente la cerámica. Más tarde, tuve la oportunidad de vivir nuevamente en Estados Unidos, allí sí hice un posgrado en cerámica, ese era mi sueño, el cual lo pude hacer gracias al título de arquitecta. Viste esas cosas del destino...  

La entrevista no tarda en convertirse en una charla, es que Tere, cuenta con soltura esa pasión que es sentarse en el torno. Habla con amor infinito de sus piezas y trae a la conversación desde el inicio un término que a lo largo de la charla pudimos ir entendiendo con mayor profundidad: “El valor de la unicidad”. 

Allí radica gran parte de la esencia de quienes entienden a la cerámica como una forma de ver la vida, de sentirla, de interpretarla. “Creamos con nuestras manos desde el barro, pero nuestras piezas jamás son iguales por más que lo intentemos, quienes trabajan el barro, pueden entender el concepto de encontrar belleza en las diferencias. Nos han dicho que lo bello es lo igual, lo perfecto, pero la cultura oriental nos enseña que la belleza está en poder apreciar lo único, el valor de algo que no se puede copiar, cuando aprendí eso, entendí que en la cerámica había mucho más que hacer piezas, había una historia que se plasma. Una parte dada por quien genera la pieza y otra, se la da el proceso mismo, que va desde el torno, al horno, pasando por una sin fin de estadios y que, una vez terminada, sale al mundo a mostrar sus rasgos únicos e irrepetibles”, explica. 

Desde su taller, ese pedacito de mundo donde Tere se permite crear, sucede la magia. “Mi taller es mi lugar, acá encuentro paz y equilibrio. Uno de mis maestros me decía: 'El torno te da la posibilidad de crear', aunque físicamente no lo estés haciendo, porque toda la información ya está dentro de uno, entonces, podés estar moldeando pero en el caso de que lo no estés haciendo, solo estar acá, cerrar los ojos e imaginar que lo estoy haciendo, me permite volver a mí, me permite crear esa pieza. Y cuando, las hago la concentración que demanda, es tal que uno se abstrae de todo, un solo segundo de desconcentración puede hacer que todo salga mal, por eso suelo decir que para mí hacer una pieza es como hacer yoga”, resalta. 

Nuestras piezas jamás son iguales por más que lo intentemos

Teresita tiene alma de profesora y explica cada cosa con términos sencillos, pregunta si se entiende y si no aburre, de hecho es profesora, pero ella evita hablar de su carrera profesional, de los logros académicos y premios, que se han ido sumando, ella los define como “accidentes” en el camino. “Que te reconozcan claro que es lindo, participar de exposiciones de alta talla también, pero al final de todo lo que realmente cuenta es que cambio pudiste hacer en la vida de otras personas, quizá una pequeña jarrita de barro es mucho más útil simplemente por ser un objeto al servicio”, sintetiza con una simpleza que encanta. 

Del torno al horno 

Quien entrevista escucha, trata de conocer en profundidad el mundo de su interlocutora, quien en el silencio de su taller toma una pieza de arcilla y la convierte en un objeto de uso. 

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Contanos Tere, ¿Cómo es el proceso desde que te sentás en el torno hasta que tu pieza sale del horno?

Creo que en este punto es importante que les cuente que como ceramista, integro el grupo Fragmentos, donde ceramistas de todo el país compartimos un momento de quema que lo hacemos en Buenos Aires, en Lomas de Zamora, para lo cual -previo a eso- cada uno en su provincia, trabaja una técnica en particular, para luego reunirnos y realizar la cocina de manera comunitaria. Antes debemos ponernos de acuerdo en ciertas cuestiones de forma, uso de materiales y otras temas que son muy importantes para que todas las piezas se puedan quemar de manera uniforme. Así es que esa es una de las oportunidades en la que nos juntamos, cada uno produce y luego, son unos tres días en los que primero se acomodan las piezas en las placas, se hace el fuego para el horno, que es un horno especial, luego son unas 24 horas de cocina, otras tantas de enfriamiento y descarga del horno. 

Tere, vuelve a poner el acento en la unicidad de la pieza, y avanza en uno de los conceptos centrales de la cerámica. “En oriente, un cuenco vale por ser único, esos rasgos que lo hacen diferente al resto, si hay dos iguales, uno vale la mitad y si hay tres el tercero no tiene valor. Es la filosofía sobre la que trabajamos, ese poder que tiene el cuenco artesanal, que siempre tiene algo nuevo para ver, una marca, una forma, una huella, un esmalte que por efecto del calor tiño más de un lado que de otro, una gota, vivimos inmersos en una cultura de acumulación, lo que buscamos es llegar a una cultura del valor del objeto de uso”, insiste y el concepto explicado con tanta claridad no deja resquicio para la duda. 

Ese camino que va del torno al horno, está atravesado por emociones, por cuestiones climáticas, por características de la arcilla, y finalmente por esa última etapa, el de la cocción. La ceramista avanza sobre ese momento. “Creamos un objeto, una pieza, que dependiendo de la arcilla, tendrá más o menos agua, dependiendo de sus compuestos tendrá un color más claro o más oscuro, pero finalmente es el fuego quien tiene la última palabra, la pieza seca pero no cocida, debe ser envuelta por las llamas, nada que entra al horno sale igual, y esa es la sorpresa, porque es un redescubrir de la pieza, una admiración. Sin dudas se convierte en un momento único, que quienes estamos en esto, lo hacemos con mucho amor, con mucha pasión, es un momento de compartir, de maravillarnos juntos, suele pasar que piezas que son realizadas por distintas personas, salen del horno y por esas cosas de las vida, las miramos y se convierten un juego, dentro del horno pasan muchas cosas e intervienen muchísimos factores, es realmente una maravilla”, insiste. 

Cuando una pieza sale del horno jamás es igual a la que entró. 

Su relato nos permite viajar por algunos segundos a ese mágico mundo, donde la belleza está en lo distinto, el valor en la unicidad y son las manos de las personas, en complicidad con los elementos (tierra, agua, viento y fuego), quienes dan vida a objeto de uso cotidiano. “Lo que busco es que aquello que hago tenga un uso, no busco hacer objetos de exposición para que estén en una vitrina, apunto al servicio que brinda cada objeto hecho de barro, un elemento noble, del que disponemos en abundancia en todo el país, con características específicas en cada región, por eso siempre pienso en lo extraordinariamente rica que es Argentina”, resume Teresita. 

Y casi hacia el final de la charla que la mujer, describe: “Creo que estamos yendo hacia un cambio de consciencia en el uso de los objetos, hoy se está poniendo el acento en el disfrute diario, en un uso amoroso del objeto, hay un vuelco, un vuelco que nos permite entender que hay un cuenco para cada persona". 

Quizás, muchos de los detalles de la charla con Teresita hayan quedado afuera, es que al igual que las piezas que ella moldea, la redacción se somete a distintos factores, elementos que la modifican, pero que al mismo tiempo la hacen única e irrepetible. Quizá Tere, con sus suaves palabras nos haya permitido mirar aquello que hacemos todos los días, con el prisma con el que un alfarero moldea el barro. 

Pueden seguirla en su facebook Teresita Capurro y también a Fragmentosceramica.

Josefina Echezárraga

Periodista. Nacida en Puerto Rico Misiones, editora en Noticias Quintaesencia. Asesora de Imagen, creadora de la marca Josefina Loto Azul, imagen consciente. Cofundadora de 1816 consultora en comunicación.

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