Saúl Antinori, el hombre detrás de una firma líder en el mercado

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A los 16 años, Saúl ingresó al mundo de las autopartes.

Sus cabellos ya pintan canas pero el temple, el carácter y la visión que demostró desde niño, son las condiciones que persisten y son las que lo llevaron a construir un camino y una firma comercial, que es líder en el rubro de autopartes desde hace cuatro décadas en Corrientes. Él es Saúl Antinori, un hombre nació en el paraje Timbó Paso, en Loreto. "Doña Chira Ríos fue la partera que asistió a mi madre cuando yo nací en la madrugada del 1 de enero, dicen que el tiempo estaba muy feo, había muchos truenos. Cuando esta mujer llegó, yo ya había nacido, después de mucho trabajo de parto y cuando mi madre casi ya se había quedado sin fuerzas. Ella cuenta que nací porque yo también pegué un manotazo y decidí salir", contó a Quintaesencia mientras desandábamos los pasillos de los tres pisos del depósito abarrotado de repuestos y autopartes ordenados y catalogados.

Los primeros años de la escuela primaria los hizo en dos escuelas rurales de Loreto y a los 9 años, fue internado en el Seminario de Sacerdotes de Capital porque, cuando se bautizó a los 8 años, "el padre Gallardo me hizo varias preguntas y mi hermana mayor, me había dicho que tenía que responder a todo que sí y una de las preguntas era si tenía vocación, y como mi respuesta fue sí, él dijo que iba a hacer las gestiones para que me dieran un lugar en el Seminario".

Y así fue, a los pocos meses, lo trajeron al Seminario pero a raíz de un castigo injusto que recibió por parte de la madre superiora, en cuanto tuvo la oportunidad, se escapó. Se fue caminando hasta la casa de una tía que vivía en Parada Medina, cercana al acceso a barrio Esperanza. Después, un tío consiguió que fuera alojado en casas de dos familias hasta que un día, su padre buscó y juntó a todos sus hijos y los llevó a trabajar y a estudiar a un campo que había comprado en Loreto.

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Un recorrido por el depósito de Autopartes Antinori.

Al tiempo, otro tío lo invitó a ir a trabajar a Buenos Aires, dijo que sí y una vez que su padre lo autorizó, viajó a la capital argentina. Tenía 14 años. Ingresó a estudiar a la Marina Mercante y un día, mientras acompañaba a un primo a hacer unos repartos en la zona Warnes -casi sin querer-, ingresó al mundo de las autopartes en pleno corazón del rubro, ya que en esa zona de la ciudad están ubicados la mayoría de los comercios más importantes.

"Mi primo me dijo que pidiera permiso en un negocio para calentar agua para el mate. Me autorizaron y mientras esperaba que esté lista, comencé a limpiar la mesada, unos mates y varias cosas que había ahí. Cuando el encargado vio lo que estaba haciendo eso, me dijo que tenía que ir a trabajar con ellos, les dije que sí y al otro día, comencé. Al tiempo, me mandaron en la venta al público, eso era algo que yo sabía hacer porque ayudaba a mi madre en su almacén", contó el hombre mientras también iba señalando qué repuestos o autopartes estaban almacenados en los estantes, casi a modo de visita guiada.

Como en un viaje por su historia, Saúl también relató las distintas vicisitudes que vivió cuando hizo el servicio militar. Su destino fue Puerto Belgrano y fue asignado al portaaviones 25 de Mayo. Allí también vivió momentos poco gratos porque descubrió que dos compañeros le habían robado algunas pertenencias. Esa situación lo violentó y les pegó, por lo que se inició una investigación "y yo conté la verdad, porque siempre hay que andar porque la verdad porque ese es el camino más directo", sentenció. 

"...yo conté la verdad, porque siempre hay que andar porque la verdad porque ese es el camino más directo", sentenció. 

El comercio en la sangre

Al salir del servicio militar volvió a su puesto de trabajo, pero ya con la decisión de renunciar. Comunicó su decisión con la debida anticipación y dejó la firma. Y allí comenzó a desandar un sinnúmero de caminos que lo llevaron a vender por la calle, a ser transportista, repartir repuestos y autopartes, a comprar sandía y artesanías para revender, entre tantos, pero siempre relacionado con el ámbito comercial. "Como siempre fui de hablar con la gente, enseguida me contaban qué hacían o surgían las oportunidades de negocio", relató como para que quien lo escucha, pueda conocerlo un poco más.

Al escucharlo a Saúl no caben dudas de que nació con el don o la capacidad de ver oportunidades comerciales y llevarlas a cabo. Y para muestra basta una balita: "Cuando era chico, hacía balitas de barro y se las vendía o se las cambiaba a mis compañeros que vivían en otras zonas del pueblo. Ellos no podían hacerlas porque la tierra que había en sus casas era muy diferente, era arena y eso no sirve para fabricar. Y así, comencé a tener mi plata".

Responsable de una empresa

Ante la consulta de cuál es el trato que da a sus trabajadores afín de generar un vínculo de compromiso y lealtad, el empresario contó que realiza reuniones periódicas con ellos en las que les comunica cuáles son los objetivos de la empresa, resalta y felicita a quienes se destacan en su labor, al igual que llama la atención a quienes no cumplen con determinadas demandas.  

En la actualidad, la empresa cuenta con un plantel de 10 personas, "y ese es el mínimo de personal que podemos tener, en virtud de la demanda de atención que tenemos", indicó el propietario de la firma.

Por otra parte, comentó que uno de los aspectos en el que se hace más hincapié es en la calidad de la atención: "Porque si yo atiendo bien a un cliente, no solamente va a volver la próxima vez que necesite algo, sino que también nos va a recomendar y ese, es nuestro mayor capital, además de la calidad de los productos y la diferencia de precio", remarcó.

En relación a cómo fue construyendo Autopartes Antinori, Saúl contó que además de contar con un determinado stock de mercaderías que fueron adquiridas directamente en Buenos Aires, también fue comprando el remante de un par de firmas del rubro que fueron cerrando en la ciudad. Entre ellas, nombró a Massin Autopartes, Oro Autopartes, Gil Motors, Old Motors, Autochapas. Según comentó, alguna de estas debió bajar la persiana al poco tiempo de haberse instalado en Corrientes.

Comentó que esto también se dio como consecuencia de la política de precio con la que entró a jugar en el mercado. "Nuestro objetivo era vender mucho con poco margen de ganancia porque hasta ese momento, no existía el concepto de comprar a 100 y vender a 150 más IVA, por ejemplo. La idea era comprar a 100 y vender a 400, entonces la diferencia de precio que teníamos y aún tenemos, es sideral en muchos casos", puntualizó.

En el último tiempo, la firma se agrandó y sumó otro espacio físico en el que comercializan todo tipo de accesorios para vehículos, es decir desde estribos hasta cinturones de seguridad para mascotas, pasando por cubre autos y medidor de presión de neumáticos.

"A lo largo de estos 40 años tuve la posibilidad de sumar más propuestas y rubros pero decidí a limitarnos a vender autopartes y en el otro local, los accesorios y nada más. Tengo claro que para mí es más importante el ser responsable y serio con lo que hacemos, además de disfrutar la posibilidad de compartir con mi familia, los amigos y de vez en cuando ir a pescar. Como dice un amigo,'no me interesa ser el millonario más rico del cementerio'", concluyó.

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Una imagen, una huella en el camino recorrido por Autopartes Antinori.


Para conocer qué tipo de productos comercializan en Accesorios Antinori, se puede ingresar a través de la cuenta de Instagram antinoriaccesorios.

María del Carmen Ruiz Díaz

Periodista, comunicadora social.
Nacida en Saladas, provincia de Corrientes, Argentina.
Editora en Noticias Quintaesencia y Diario La República Digital.
Coordinadora de radio digital La R.
Co-fundadora de 1816 Consultora de Comunicación.

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