Trabajar en Andorra para ahorrar y alcanzar objetivos

GENERAL 05 de febrero de 2022 Por María del Carmen Ruiz Díaz
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Seguramente son muchos los que algún momento soñaron en dejar todo "lo conocido" y aventurarse a otros caminos. Ir "a probar" suerte a otra ciudad o país. Esa es un poco la historia de Rodrigo González, un rosarino que hace un par de años y después de un problema de salud, decidió concretar un anhelo que abrigaba desde hacía cierto tiempo: viajar como mochilero.

Esa parte de su historia ya fue contada por Quintaesencia en una nota hace un par de meses. Pero esa parte de su recorrido, también tiene otro capítulo que transcurre en el Principado de Andorra, un país que tiene por límites geográficos por un lado España y por otro, Francia. La finalidad de esta nueva charla con Rodrigo es para que nos cuente por qué eligió volver por tercera vez a trabajar en temporada alta en los centros de ski andorranos. 

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¿Cómo es eso de trabajar por temporada en Andorra? 

Hace tres temporadas que vengo a trabajar acá y la temporada arranca en diciembre hasta marzo-abril. Ahora están viendo si también desarrollan un régimen similar de trabajo para el verano, pero eso todavía está un poco lejano.

Podés acceder a trabajar sólo con el pasaporte argentino y presentando un par de papeles. Y donde más posibilidades de encontrar un puesto es en los centros de ski, donde además hay restaurantes y muchos otros servicios, razón por la cual hay bastantes vacantes a cubrir.

En mi caso estoy en limpieza y mantenimiento, pero a veces me puede tocar ir a limpiar un baño y en otras, ir a trabajar a un restaurante o una playa de estacionamiento. Más allá de tener que hacer la labor de mantener en condiciones el lugar que te asignaron, también que pelear casi todos los días con la nieve porque un día dejaste todo ordenado y al otro día cuando volvés encontrás con que tenés la puerta de tu lugar de trabajo por un metro de nieve. Entonces primero tenés que sacar la nieve y después empieza tu labor en sí.

Sin dudas muchos los frentes que se deben atender para trabajar allí, ¿pero son compensadas económicamente?

Sí, para nosotros vale la pena. Para los europeos tal vez no tanto porque requiere mucho esfuerzo. Para que tengas un parámetro, un salario mensual promedio es de 1000 o 1200 euros. A eso tenés que descontarle el costo del alojamiento, el transporte y la comida pero, así y todo, podés llegar a ahorrar alrededor de 600 euros por mes, una cifra impensada en Argentina. Siempre digo que para ahorrar en el país esta cifra no sé, tendría que ser como mínimo fiscal (Rodrigo en abogado).

Un salario promedio en Andorra es de 1000 o 1200 euros y se puede ahorrar hasta 600 por mes.

En este tiempo, ¿fue en aumento la presencia de argentinos en Andorra?

Sí, temporada a temporada fue aumentando porque se corrió la voz acerca de las posibilidades. Por ejemplo, el Principado tiene una población de 74 mil habitantes fijos todo el año y de repente, cuando va a empezar la temporada, caen alrededor de 6000 personas, muchos de los cuales son argentinos o cuanto menos, latinos. Siempre digo que es como estar en una provincia argentina porque te subís a un bus y escuchás puro tonadas nuestras, por ejemplo.

Esto también fue generando un mercado para los argentinos, entonces ya es posible conseguir yerba y dulce de lecho o los carniceros -por ejemplo- hacen los cortes del país. También ya hay bares de dueños argentinos donde podés ir a comer una milanesa, todo esto antes no pasaba.

Este aluvión de extranjeros durante la temporada hace que el habitante local sea un poco reticente, también hay que tener en cuenta que el promedio de edad supera la media, porque gran parte de los jóvenes emigran a Francia o a España.

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¿Cómo fue la primera vez que llegaste a este país particular?

Tenía cierta información sobre la posibilidad de trabajar legalmente aquí y como el permiso de 90 días en zona Shengen(*) se me estaba por terminar y como Andorra no forma parte y  su regulación de trabajo es distinta al resto de Europa, me dije "bueno, voy a probar".

Para llegar hasta acá, sólo puede hacerse por vía terrestre o por España o por Francia, país por el que finalmente entré haciendo dedo y quienes me levantaron, era una pareja argentina. Cuando empezamos a charlar, él me dijo: "Venís a hacer temporada acá" y yo le contesté, "la verdad que no tengo ni idea de eso".

El primer año fue complicado, estuve acampando debajo de un puente y pasé unas nevadas horribles en una carpita de verano, que ni te cuento, pero empecé a repartir curriculum por donde podía.

Pero por suerte antes de que cayera la nevada más grande que vi en mi vida, conseguí un lugar para dormir porque un chico portugués que viajaba, me dejó al cuidado de su perro.

Después me llamaron de una empresa para entrevistarme y así conseguí trabajo en una de las empresas de las pistas de ski, que es la misma en la que sigo trabajando. Ahí mi historia comenzó a cambiar porque ya tenía una tarjeta de débito de un banco europeo con euros depositados, ya es diferente y te sacás el estrés de hacer las conversiones de monedas y demás.

Después, ya quedás registrado en la empresa y en agosto, por ejemplo, ellos te mandan un mail preguntándote si pensás venir a trabajar, lo cual ya te da cierta seguridad.

Y también otro gran dato es dónde y cómo te alojás, porque no es lo mismo compartir un departamento entre varios, como lo estoy haciendo yo, que somos cuatro, o vivir en una pensión, por ejemplo.  

El primer año fue complicado, llegué a acampar debajo de un puente hasta que conseguí donde quedarme.

¿Qué es lo que más te marcó desde que vas a trabajar allí?

La amabilidad del argentino. Muchas veces, por ejemplo, si no tenía dónde dormir, me abrían la puerta de su lugar. También me movilizó ver la cantidad de gente que venía a trabajar, un mundo aparte que se gesta a partir de los trabajadores golondrinas y cómo se va armando una comunidad.

Después, me chocó mucho eso de poder ahorrar una determinada suma limpiando baños, que no lo podría hacer ejerciendo mi profesión en Argentina. Eso genera un poco de frustración y te da un poco de bronca.

No obstante, también debe ponerse en la balanza el hecho de que por día son entre 12 y 13 horas que estás afuera, porque si bien en promedio son 8 horas de trabajo, el viaje para llegar hasta los centros de ski es largo. Más allá de que la empresa en la que trabajo, tiene sus propios colectivos, pero después tenés que subir al teleférico y demás.

Y al otro día lo mismo, la misma pala, la misma nieve y los mismos -12°. Por eso creo que los latinos son los que más aguantan porque si bien a nivel europeo, la paga no es buena, para nosotros sí como consecuencia de la inflación en nuestros países. Entonces por cada 30 argentinos, hay tres españoles, por ejemplo.

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¿Qué aprendiste de vos en estas tres temporadas?

Que es impresionante lo que puedo soportar (risas). Hay momentos en que me pregunto por qué me banco esto, pero la balanza se sigue inclinando en todo lo que esto me va a permitir. Pero es cierto que año a año, se resiente el desgaste. 

No obstante, a quien esté pensando en venir y probar, yo los animo porque sin dudas es una experiencia que te ayuda a tener una perspectiva diferente de un montón de cosas.

Sin ir más lejos, te ayuda a valorar cuestiones como el servicio público de salud o la educación pública, cosas que para muchos son casi inaccesibles.

Cuando termine la temporada, ¿cuáles son los planes de Rodrigo?

Estoy pensando cumplir el sueño de conocer dos países que están en mi lista de pendiente, uno es Irán y el otro es Marruecos. Todo parece indicar que voy a seguir por este último destino.

Y después, tengo previsto volver a Argentina para sentarme a escribir Terapia Nómade, que es casi el sentido principal de todo este proceso. El libro ya está bastante avanzado, pero hay que terminar de armarlo, pensar en la cuestión impresión, difusión y demás, que seguramente me va a demandar hasta fin de año.

¿Y volverías para hacer otra temporada en Andorra?

Y todo va a depender de cómo sean los tiempos con el libro. Tal vez me dé el tiempo para terminarlo y volver a trabajar, o no. Voy a ir viendo. Pero sí, creo que un par de temporadas más voy a seguir viniendo, es un lugar en el que más allá de los sacrificios que implican, me permite ahorrar para seguir cumpliendo algunos sueños y metas. Siento que todavía estoy en condiciones de poder hacer este esfuerzo y porque como todo, también puedo seguir sumando experiencias que me nutren como ser humano. 

 


Zona Shengen: El acuerdo Shengen fue firmado por 26 países de la comunidad europea por el cual se suprimieron los controles fronterizos entre ellos, trasladando dicho control a las fronteras exteriores (o sea, con otros países no firmantes). Esto se traduce en la libre circulación de personas que hayan entrado legalmente por una de sus fronteras o que sean residentes de uno de los países firmantes del acuerdo.


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María del Carmen Ruiz Díaz

Periodista, comunicadora social.
Nacida en Saladas, provincia de Corrientes, Argentina.
Editora en Noticias Quintaesencia y Diario La República Digital.
Coordinadora de radio digital La R.
Co-fundadora de 1816 Consultora de Comunicación.

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