En la pastelería, dos hermanas encontraron su forma de dar amor

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Emprender es un camino de desafíos, no solo se trata de aquello que hago, sino por qué o para qué lo hago. Preguntas que quien emprende busca responderse para, de alguna manera, descubrir la esencia de lo que hacen. En el oficio de contar historias pasa algo parecido: ¿Por qué contar esta historia? ¿Para qué hacerlo?

Esta semana en Quintaesencia, te contamos la historia de Paula y Alina Ñañez, dos hermanas pasteleras que encontraron en la elaboración artesanal de tortas, un puente con el amor. Al final, vas a descubrir por qué te contamos esta historia. 

Paula hace cinco años dividía su tiempo entre una carrera universitaria y viajes a misionar a Brasil, descubrió la pastelería. Un día por esas cosas de la vida, vio un cartel y una puerta abierta, lo que se convirtió en el primer paso para ser pastelera. “Me inscribí en un curso de pastelería, pensé que me podía servir para ayudar cuando iba a misionar, entendí que podía ser una buena herramienta, además de que veía que me gustaba”, cuenta en el inicio de la charla. 

Tras dos años de estudio, comenzó la elaboración de  tortas, primero para la familia y amigos, luego en las misiones, poco a poco ante la insistencia de los allegados, salieron las primeras para clientes desconocidos. “Cuando comencé, tenía varias cosas claras, que todo se vea lindo, que el sabor sea una experiencia, pero siempre quise que esas tortas, signifiquen algo para quien la recibiera”, remarca.

Así, Dolces da María comienza a tomar forma y ganar fuerza, con fuerte influencia de sabores brasileños y apuntalado desde un profundo sentir desde el corazón. “Creo que toda esa pasión que le ponía a las tortas, a cada detalle y saber más sobre quien la iba a recibir, se empezó a notar, porque rápidamente los pedidos comenzaron a aumentar, así se suma Alina -mi hermana-, y decidimos avanzar juntas, como siempre estuvimos, unidas”, resalta Paula. 

Luego llegó la pandemia. “Lejos de dejar de trabajar, seguimos, la gente quería estar cerca, decir te quiero estoy con vos y lo hacía enviando una torta. Creo que ahí comprendimos el valor real de lo que estábamos haciendo, entendimos que podíamos unir a personas que físicamente estaban separadas pero que se querían mucho, mucha gente nos contaba sus historias, por qué era importante esa torta, como era esa persona que iba a recibirla, comenzó a pasar que sentíamos el amor, tanto de quien enviaba la torta, como de quien la recibía, nos mandaban fotos de esas caras de felicidad y muchas veces lloramos al verlas”, resume Alina. 

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El aislamiento sirvió también para que el emprendimiento se reorganice y mejore. “Al mismo tiempo cuando nos empezamos a juntar nuevamente notaba como que, a la gente le costaba acercarse entre sí, había algo que se había enfriado, entendí qué si yo hacía un buen trabajo con una torta, esa persona podía decirle cuanto la quería a otra, comencé a entender eso que dice Jesús, que todo lo que hagas, debe ser hecho con mucho amor, para que quien lo reciba, lo sienta”, dice Paula. 

En el mismo sentido, Alina agrega: “Cuando preguntamos para quien es, la gente nos cuenta su historia, nos imaginamos donde va a estar, que quiso decir quien la regala, queremos interpretar lo que la gente quiere decirle a la otra persona, un poco de eso se trata y si la torta es para quien la pide queremos que realmente la represente”.

La esencia de Dolces da María, se convierte en marca registrada: “Muchas personas vienen y nos piden que copiemos modelos, lo primero que decimos es que eso no hacemos, todo lo que sale de esta pastelería es una creación propia, desde los sabores hasta el diseño”, apunta una de las pasteleras, e insiste: “Así, los diseños únicos, son mucho más que lindos, son tortas que transmiten, que hablan, que dan mensajes”. 

Unidad 

Cuando pensamos en qué contexto aparecen las tortas, siempre son momentos festivos, momentos de alegría, momentos de celebración. La mayoría de las veces se celebra la vida, un ritual que pone a quien es agasajado en el centro de la escena con una torta, allí para pedir deseos, para levantar la mirada y agradecer que el lugar está lleno de seres queridos. 

“Nos dimos cuenta que las tortas unen, que si bien muchas personas las quieren para “la foto”, cuando se comparte viene un segundo momento, el de degustar algo dulce, algo rico, viene el “que rica torta”, ese momento de sorpresa por encontrar sabores nuevos, más allá del bizcochuelo, el dulce de leche, el chocolate y la crema, entendimos que habían dos momentos y queríamos que ambos sean una experiencia para compartir, tanto para esa foto hermosa, como ese momento donde se disfruta con otros”, explica Paula, y sus palabras, nos transportan a cada recuerdo donde hay una torta. 

Nos dimos cuenta que las tortas unen.

Así, en Dolces plantearon dos tipos de opciones: “Una más estética, con cremas y decorados que puedan aguantar más fuera de la heladera, una torta más de exposición, pero que por dentro siga siendo una explosión de sabores, y por otro lado una torta que llamamos postre, que si bien es linda, está más centrada en los sabores, en ese momento familiar, donde se disfruta cada crema, cada mermelada, cada capa que colocamos, pensando en esa persona, en lo que le gusta, por eso es que nos tomamos mucho tiempo para conocer a nuestros clientes, para buscar las combinaciones perfectas, eso hace que cada pastel que sale sea único, si nos piden que repliquemos algo se nos hace imposible, porque siempre estamos haciendo sabores nuevos”,  detallan. 

Sabores, box de degustación y mucha innovación 

Paula nos cuenta que sus viajes a Brasil, la llevaron a conocer una importante cantidad de sabores que aplicados a las tortas las hacen únicas, “tenemos muchos sabores que son nuestros, decidimos romper los estándares comunes y ofrecer nuevas opciones, alternativas de sabor y eso nos llevó a que la gente quiera varios de nuestros sabores, por eso implementamos el box de degustación, donde se envían porciones (generosas)”. 

“Tratamos de innovar todo el tiempo, salirnos de lo común. Por ejemplo, para Pascuas quisimos salir del tipo huevo de chocolate, buscamos opciones distintas y también pensamos en los más chicos asi que hicimos galletitas para colorear, todo comestible, creemos en esto que decíamos antes, el comer algo como una excusa para estar juntos, para compartir, sobre todo con los más chicos”, nos cuenta Alina. 

“Zanahorias, maracuyá, mango, coco, carrot cake, crema brigadeiro, devil’s food, beijinho, red velvet, beijinho del bosque con jalea de frutos del bosque, brulee, son solo algunos de los sabores que encontramos, para sorprender”, destacan con orgullo por haber logrado instalar entre sus clientes nuevos gustos. 

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Tortas con sentir 

Mil anécdotas podrían contar las hermanas porque, de alguna manera por unos días se vuelven parte de las vidas de otras personas, “conocemos a abuelos que nos piden tortas para sus nietos y nos cuentan qué les gusta, sus colores, a lo que juegan a de que personaje son fanáticos, información que nos sirve para imaginarnos ese momento en que ese pequeño soplará su velita de cumpleaños, ese momento que tanto se imaginó con su torta. También conocemos historias de amor, como una novia que a la distancia le envía una torta a su enamorado y nos cuenta sobre su romance, también nos tocaron historias de quien celebraba que había renunciado a su trabajo y quería festejar, la verdad es que nos gusta mucho ser parte de sus vidas y así tratar de hacerles una torta que represente ese momento”, dice Paula. 

Además, la joven pastelera nos deja muy clara una cosa: “Solemos tener mucho trabajo asi que también hay un momento donde tenemos que parar y respirar, recordar que cada torta nos importa, que estamos haciendo algo que nos hace feliz hacer y que, desde allí la elaboramos, para que eso que nos hace feliz, también haga feliz a otro. Por eso, siempre nos recordamos por qué hacemos lo que hacemos y que, algo de nosotras siempre va en cada torta”. 

A lo que Alina agrega: “Cada vez que entregamos una torta, es un momento especial, somos un tanto exigentes con que la torta sea buscada y llevada con cuidado, no aceptamos que envíen un moto porque sabemos que muchas veces esas cosas no terminan bien y realmente queremos que todo ese tiempo y amor que le pusimos a cada detalle, llegue intacto. Más allá de eso, también hay algo especial que ocurre en ese momento donde entregamos un pastel, porque realmente lo consideramos un hijo, muchas veces hasta lloramos en las entregas, claro lágrimas de alegría, por ver que eso que diseñamos por tantas horas, a lo que le pensamos cada elemento con mucha minuciosidad, va a ser recibido por otra persona, es un momento donde se mezclan muchas emociones y nos sentimos muy agradecidas de poder vivirlo”. 

Las hermanas nos cuentan su historia, al menos un poquito de lo que las lleva todos los días a pararse dentro de la cocina para moldear amor. Como muchas de las entrevistas que hacemos en Quintaesencia, la mayoría de las veces no conocemos a las emprendedoras, tratamos de investigar algo en redes sociales, pero es en la charla donde descubrimos el por qué y el para qué debíamos entrevistarlas y uno de los por qué -que quedó claro a lo largo de esta nota- es que no importa donde trabajes ni que hacés, siempre que sea hecho amor y aportar algo de todo lo bueno que hay en vos, porque eso -finalmente-, se nota en el resultado final. 

Si quieren conocer más sobre este emprendimiento pueden seguirla en Instagram @dolcedamaria 


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Josefina Echezárraga

Periodista. Nacida en Puerto Rico Misiones, editora en Noticias Quintaesencia. Asesora de Imagen, creadora de la marca Josefina Loto Azul, imagen consciente. Cofundadora de 1816 consultora en comunicación.

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