Tejer, una forma de reconectar con el alma

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El pasado 11 de junio, Corrientes se sumó a tejer en público en el parque Mitre

“Empecé a tejer antes de aprender a leer, había algo en esas rondas de mujeres de las que participaba mi madre y mi abuela que me atrapaba, así fue que un día tomé dos rayos de bicicletas como de agujas y comencé a imitar las lazadas. Ahora que lo pienso, creo que había un poco de complicidad de parte de mi madre y mi abuela, creo que las hacían más despacio para que pueda entender como era”, quien cuenta la anécdota es Belén Ibarra, una mujer que entiende que el tejido es como la vida, y decidió hace algunos años comenzar a tejer "Gotitas de amor". 

En Quintaesencia, aprovechamos que el pasado miércoles 13 fue el Día Nacional de la Tejedora, para conocer su historia. 

Belén tiene 46 años, dos hijos, y una vida en la aprendió a sobrellevar los problemas y hasta las situaciones más adversa, tejiendo. “Cuando uno teje, se desconecta. ¡Bah! En realidad, conecta con uno mismo. El tejido te habla, siempre le digo eso a mis alumnos y causa risa, pero en realidad es así, porque desde un ovillo anudado hasta una trama ajustada nos está hablando de nosotros, de la vida, aprendí a escucharme a través de las hebras”, dice y sus palabras lentamente cobran forma, hasta quien no la conoce puede identificar en su rostro el amor por el tejer, un oficio, una labor, una acción ancestral que siempre estuvo vinculada a las mujeres, pero que en esencia puede ser llevada a cabo por cualquier persona sin importar, sexo o edad. 

¿Por qué decís que el tejido te habla? 

Es simple, cuando hay un ovillo que se anudó hay dos opciones, la primera es cortar el nudo, volver a enlazar y seguir, eso sería como el camino corto, ese ovillo nos está dando la oportunidad de aprender algo, de tomar tiempo, un nudo solo necesita aire, necesita espacio y si aprendemos a dárselo los nudos se van desatando, es como en la vida. 

La trama de un tejido también te habla, si la trama está ajustada, nos muestra que el tejedor/a estaba tenso, con nervios, quizá estrés, muchas veces no nos damos cuenta que estamos estresados o tensos y al tejido nadie le puede mentir, es un momento reflexivo, que cuando aprendemos a escuchar se convierte en un momento sanador. 

¿Cómo es eso que aprendiste a tejer antes que a leer? 

Vivía en Empedrado, allí mi mamá y mi abuela, junto con mis tías cuando llegaba el otoño, se sentaban a tejer. En esas rondas había risas, charlas, había amor, porque lo que estaban tejiendo eran los abrigos que usaríamos durante el invierno, yo estaba al lado con los otros gurises. Recuerdo también el ruido de las agujas y sentía que quería ser parte, primero imitaba con las manos, luego me fabriqué mis primera agujas con dos rayos de bicicleta; tomé un poco de hilo del canasto y comencé en silencio, solo miraba e imitaba, así hice mi primera muestra, y luego de eso me comenzaron a enseñar, pero siempre fue muy autodidacta. 

¿Qué fue lo primero que hiciste? 

Ahí nomás, quise hacerle un chaleco a mi muñeca y puse manos a la obra, lo hice en azul y lila, cuando estuvo terminado, realmente sentí que había hecho algo maravilloso, desde ahí nunca dejé de tejer. Comprendí que era algo que estaba en la sangre, supe que mi abuelo materno Hernán, se escondía para tejer, tenía su telar y hacía cosas maravillosas, pero nadie lo veía, él se encerraba y hacía de todo, estaba mal visto que un hombre tejiera, con el tiempo comprendí que para él era mucho más y lo hacía, aunque lo tuviera que hacer a escondidas. 

¿Cómo se fue metiendo el tejido en tu vida? 

En la adolescencia, comencé a salir, quería mi plata por eso miraba en las revistas lo que estaba de moda y copiaba modelos a crochet eso vendía en la escuela, en el último año de la secundaria me había hecho un chaleco con la B en la espalda, una amiga lo vio y quiso el suyo con su inicial, la cosa es que cuando me quise dar cuenta le estaba tejiendo chalecos a todos mis compañeros, yo feliz porque creía que hacia negocio, en realidad estaba perdiendo plata, pero yo era feliz tejiendo. 

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¿Qué es el tejido para vos?

Tejer, es para mí, mi tiempo y mi mundo, es un tiempo aparte para pensar, para calmarme y también para encontrar respuestas, supongo que eso le pasaba a mi abuelo le preocupaban sus hijos y el tejido era su válvula de escape. También es amor, identidad familia, mi abuela materna tenía una tradición, cuando cada una de sus nietas llegaba a los 15 años le tejía una manta con un patrón de ella, era de hilo de algodón y puntillas amplias. Eso va marcando un rumbo, a mi realmente me hizo comprender que era algo de familia. Hace algunos años, tuve la posibilidad de visitar una comunidad wichi, allí aprendí que cada tejido esconde símbolos, patrones que indica que familia lo hizo, hay una cuestión identitaria muy fuerte, algo que deja marcas. 

¿Quiénes tejen? 

Todos pueden tejer, actualmente hay un movimiento de hombre tejedores, en Argentina y en Chile, con quienes estoy en contacto porque compartimos esta visión del tejido como unidad, como red que teje mundos. El tejido es muy bueno como actividad, mejora la memoria, baja el estrés, genera espacios de encuentro, mejora la autoestima, y claro también se convierte en una fuente de ingresos. Hoy el tejido está muy de moda, es un arte preciado. 

“La red tejeríl, teje amor, solidaridad, cooperación”.

Tejer vínculos

Belén nos cuenta que tras momentos difíciles que debió atravesar con su hija Abril, ella fue quien tuvo la idea de comenzar con su emprendimiento “Gotitas de amor”. “Esa acción tiempo después, se convirtió en una red de vínculos de tejedoras que me sostuvo a mí y a mi familia, fue como si los hilos se unieran para no dejarme caer, cuando tomé dimensión de que eran esas gotitas de amor que había estado tejiendo las que estuvieron ahí, comprendí el porqué de mi amor por tejer, por crear vínculos reales, fuertes, vínculos que generan mundo, es hoy que personas que conocí gracias a esa red, me siguen ayudando”, señala.

Los hombres y el tejido 

“Como profe tuve varios hombres que se animaron, algunos llegaron toscos, con objetivos para cumplir como tejerle un saco a su mamá, pero el tiempo, el grupo, la red, fueron haciendo que esas personas que detrás de dos agujas hay mucho más que un resultado, hay un proceso, de aprendizaje, pero también de conocimiento y de reconocimiento, donde a cada paso está presente el amor”, cuenta con una sonrisa hasta de orgullo por poder acompañarlos. 

“Hoy los grupos de hombres tejedores están creciendo, para el día del tejido, los hombres salen a la calle a tejer, enseñando a tejer en colegio, eso me parece hermoso y me llena de orgullo, de alegría porque recuerdo a mi abuelo, que jamás pudo compartir sus patrones que eran hermosos, creo que él está feliz, viendo esto”, resume. 

La historia de Belén, refleja la de muchas mujeres y hombres que han encontrado en las, cientos de variables de tejido, una forma de expresión, de reconexión, una forma de dar amor y recibir.  “En la vida, siempre se trata de eso, de dar y recibir y es lo que el tejido brinda”. 

Para conocer más sobre este emprendimiento, pueden seguirlo en @gotitasdeamor 


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Josefina Echezárraga

Periodista. Nacida en Puerto Rico Misiones, editora en Noticias Quintaesencia. Asesora de Imagen, creadora de la marca Josefina Loto Azul, imagen consciente. Cofundadora de 1816 consultora en comunicación.

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