Cocaína y sexualidad

COLUMNISTAS 23 de julio de 2022 Por Redacción Quintaesencia
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El consumo de cocaína está haciendo estragos en la salud publica en general y especialmente en nuestro país y máxime cuando Naciones Unidas a través del organismo ONUDD (Oficina de las Naciones Unidas para la Droga) ha marcado a través de cuadros estadísticos y de estudios de campo que la Argentina es el primer consumidor de esta droga en América Latina. Esto está trayendo indudables consecuencias.

Estos daños se dan no solo en el campo social con la secuela de delitos sino también en otras áreas: en el campo psiquiátrico con el aumento de la dementizaciòn por daños cerebrales y psiquiátricos (delirios, aumento de esquizofrenias, bipolaridad psíquica y de antisocialidad) sino también en el campo infectológico (aumento de enfermedades de transmisión sexual como la sífilis, la blenorragia, clamidia, HIV, etc.).

Incluso los datos de la ONUDD son del 2017(último año de un estudio serio epidemiológico sobre el consumo) de la Argentina, pero aún así estamos primeros. Ha aumentado considerablemente el uso de la “pasta base” que es una cocaína fumable y altamente adictiva. 

Los infectologos están azorados observando el aumento de las enfermedades de transmisión sexual ligado todo esto al consumo al consumo de cocaína y esto para los que trabajamos en adicciones es lógico y previsible. La cocaína forma parte de un “combo” en donde está la sexualidad, así como estimulantes tipo Viagra.

“Combo” drogas industrias del sexo

 El negocio de las drogas hoy está instalado en todas las rutas de encuentro sexual; desde los llamados “boliches”, los sitios de encuentro por internet, los distintos prostíbulos que funcionan y en muchos casos hay lugares de distribución con mujeres u hombres en las previas de los “touch and go”. Se ha transformado por el Imperio del negocio de distribución en otro sitio más en donde la sexualidad necesita de este “combustible” dañino.

 El consumo genera un aumento del erotismo (esto es lo vendible) aunque disminuye progresivamente la potencia sexual lo cual lleva paradójicamente al aumento del consumo mismo junto a la necesidad por efecto de la propia droga a consumir más. Mas cocaína, más frustración, más goce solo imaginativo, pero más cocaína también paradójicamente.

Se va generando con su uso un deterioro cognitivo y va apareciendo un deterioro de la región prefrontal del cerebro y esto es crítico en la toma de decisiones. Pacientes con lesiones en la región prefrontal pierden las normas éticas. El sistema de valores tiende a ser usado en abstracto, pero desconectado de la realidad. Progresivamente van apareciendo comportamientos irracionales con violencia sexual, comportamientos de sexos grupales con violación entre varios, golpes, etc. todo esto matizado con alcohol. La crónica diaria lo muestra. 

A su vez la negación de las consecuencias (típico de la conducta adictiva) lleva a conductas sexuales de riesgo con posibilidades ciertas de la aparición de enfermedades sexuales; no existe ningún tipo de cuidado ni de higiene sexual quedando a expuesto a distintas enfermedades. El delirio celotípico (causante de mucha violencia sexual) y el desborde impulsivo están ahí, generando esto causas penales por abuso, incesto, violación con daño corporal, etc.

La cocaína produce en el consumidor un fenómeno llamado “éxtasis”, que es un proceso de intensificación del afecto descrito con el nombre de “tormenta límbica” (lluvia de impulsos y afectos negativos) y que logra a veces, constituir un coctel de neurotransmisores que son una mezcla de euforia y confort que estimulan o engrandecen el autoconcepto y la autopercepción de atractivo (Newlin, 2002) con un verdadero delirio de omnipotencia.

La capacidad crítica se obnubila, así como la función discriminativa, y afectiva, con toma de decisiones erróneas. Incluso se activa el sistema nervioso autónomo con emisión de orina y defecaciones, así como dificultades en la erección.

Un paciente hace años me lo describía así: “No supe cómo, pero había consumido mucho alcohol y cocaína, sentado en internet todos dormían; con ansias y casi desesperación buscaba pornografía, nada me dejaba pleno”. “Salí a la calle buscando excitación y más droga. Comenzó con una prostituta, de pronto la paranoia, me hizo regresar. Volví al computador en busca de algo más excitante...era una sensación entre la locura y la desesperación”. Esto sucede muy a menudo con el avance del consumo de cocaína ligado a compulsiones sexuales.

Alcohol y cocaína

Es habitual la ingesta de alcohol en la conducta sexual del adicto a cocaína que permitiría el desenlace sexual y la tolerancia a los efectos adversos. Es utilizado como relajante y controlador de los efectos adversos de la cocaína y al mismo tiempo limita los efectos depresores del alcohol lo cual complica todas las situaciones generándose un cuadro toxico que puede culminar en una sala de terapia intensiva. Todo esto es la consecuencia se manifiesta a través de una necesidad creciente de consumir mayores dosis para obtener los mismos efectos, mezclados con estimulantes sexuales y alcohol.

Las conductas sexuales de los abusadores de cocaína más frecuentes son: a.  descontrol en la protección y también el respeto hacia el otro, malos tratos y agresiones sexuales; b. se estimula el impulso sexual, pero dificulta la erección y por tanto la penetración, además se retrasa el orgasmo y este es de más baja calidad; c. esto lleva a mas cantidad de alcohol y drogas y Viagra y ahí pueden presentarse trastornos neurológicos, endocrinos y vasculares que reducen de forma permanente e irreversible la respuesta sexual y potencian los otros efectos negativos antes descritos.

A medida que va avanzando la dependencia nos encontramos con masturbaciones prolongadas en horas; masturbaciones prolongadas en horas, utilización de pornografía videos e internet, búsqueda insistente de prostitutas, conductas parafílicas: como trasvestismo, voyerismo, fetichismo, pedofilia sadomasoquismo y zoofilias, relaciones con instrumentos sexuales varios, maltrato y abuso sexual.

Se ha estudiado una curva evolutiva de la adicción a la cocaína y la sexualidad que tiene diferentes etapas: 1. Búsqueda de erotización; 2. Prostitución, masturbaciones prolongadas y dificultades en la erección con placer solo imaginativo; 3. Intentos de contacto con la pornografía; 4. Uso de instrumentos o aparatos sexuales con sexualidad solitaria o parafilias como travestismo, bisexualidad, sadomasoquismo, pedofilia.

Toda esta locura autodestructiva que culmina en salas de emergencia,  en centros de infectología y en centros de tratamientos de adicciones hay que leerla también en clave cultural ya que la agonía del Eros (crisis del amor o perversión del mismo) es una nota de la postmodernidad actual en donde el hombre se transforma en objeto y la mujer es solo un objeto también como muy bien lo muestra Byung-Hul Han (filosofo residente en Alemania) o en la actualidad J.F.Braunstein (Sorbona) en su libro “La Filosofía se ha vuelto loca” donde describe fenómenos muy actuales en desarrollo: “ control cada vez más preciso de la procreación , disociación total del sexo con la reproducción, desaparición de las relaciones familiares , de la noción de paternidad y filiación con libertad sexual absoluta en donde nada debe obstaculizar el desahogo y el placer”; sigue diciendo que si aparece tristeza se utilizaran drogas :”con un centímetro cubico se curan los sentimientos”.

Nietzche lo resumirá así en el “Ultimo hombre” “un poco de veneno procura sueños agradables y mucho veneno procura una muerte agradable”. La eutanasia autoinfligida está ahí. Dirá “Horror …vendrá el tiempo en que el Hombre ya no alumbrará ninguna estrella”. Surgirá como dice Braunstein el “homo festivus” (la vida es una fiesta con químicos”; ¿pero este es el Hombre?.

El columnista es director General de Gradiva - Rehabilitación en Adicciones.


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