El Valor de Cuidar

COLUMNISTAS 08 de octubre de 2022 Por Redacción Quintaesencia
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Mirtha Bouille

Desde una mirada sistémica y económica, vamos a abordar el impacto que genera en nuestras vidas y en nuestro sistema familiar la función  o rol de cuidar que se le asigna o que asumen determinadas personas, muchas veces por mandato, costumbre, lealtad invisible y que no logran “autovalorar” o los demás “no valoran”.

Ahora bien:

1)    Cuidar de los demás es un acto de valor y  va más allá del resultado;

2)    Cuidar tiene un valor económico representado en tiempo y en la energía necesaria para llevar adelante el servicio.

3)    Cuidar es un acto de empoderamiento y responsabilidad.

4)    Cuidar es también un trabajo muchas veces sin visibilización.

Y en especial nos interesa, porque se han profundizado en los últimos años, los estudios sobre “economía del cuidado”,  definida como la disciplina que pone foco en todo el trabajo que se realiza de forma no remunerada en los hogares (trabajo doméstico) y el trabajo de cuidados que se realiza de forma remunerada en el mercado.

En ese marco se define al cuidado como un trabajo y se consideran a estas actividades como bienes o servicios económicos, ya que generan valor y  como contraprestación demandan costos representados en tiempo y en desgaste de energía  necesarios para producirlos”.  

A continuación listo algunas de las actividades del Trabajo Doméstico y de Cuidado No Remunerado (TDCNR) que se realizan para vivir cada día, tales como: Ordenar, limpiar y/o lavar los platos, Lavar y planchar ropa, Cuidar mascotas, Ayudar con la tarea escolar, Hacer compras o trámites, Cuidar a niña, niño y/o adolescente, Cuidar a persona mayor, Cuidar a persona con discapacidad, Cuidar a familiar enferma/o, Preparar la comida, Hacer reparaciones en el hogar, etc.

Si bien varios miembros del hogar pueden realizar una porción de estas tareas, la mayor parte de la carga recae sobre las mujeres. Esto les resta tiempo y por lo tanto, oportunidades para realizar otras actividades.

El hecho que alguien las “haga” en el hogar, permite que otros puedan tener tiempo para llevar adelante actividades en la vida social y económica, como  trabajar, estudiar, practicar deportes, realizar actividades de ocio, entre otras. Por este motivo es el soporte elemental de la vida y de la producción. Y aquel sobre la que recae la responsabilidad, se ve limitada/o,  privada de este “tiempo extra”.

De allí que calcular la riqueza social del trabajo doméstico y de cuidado no remunerado es un paso necesario para alcanzar la igualdad. Una economía que se desarrolla de manera sostenible descansa en una sociedad igualitaria e inclusiva.

Y si tenemos en cuenta que esas tareas pueden ser delegadas o tercerizadas en muchos de los casos, es bueno que quienes la realizan “tomen conciencia “del aporte económico que realizan al hogar o al sistema familiar.

Si una mamá (a modo de ejemplo) está todo el día al cuidado de la familia, realizando la multiplicidad de tareas que el hogar demanda y si los demás integrantes desconocen que ella está ingresando/aportando a la economía del hogar entre $ 40.000 y $ 60.000 pesos mensuales, se revierte fácticamente la creencia, la sensación y  la realidad de que “sólo el que trabaja afuera” trae el sustento a la familia.

Esta mirada y valoración, es sumamente importante a la hora del empoderamiento femenino; se encuadra en la tipología de violencia económica en el hogar, y se desconoce el Principio del EQUILIBRIO EN EL DAR Y RECIBIR,  que produce un desorden en el sistema familiar.

Por su parte, si uno de los miembros de la familia se queda al cuidado de los padres mayores, y luego, la herencia se reparte en partes iguales sin reconocer el esfuerzo emocional, físico y energético de “estar al servicio” ignorando esa realidad,  o en muchos casos a quien se ocupó de “asistir a los mayores”, tengan la certeza que los demás integrantes quedan en deuda, que será compensada por las generaciones futuras.

En este gran libro de contabilidad que compartimos los miembros de un sistema familiar se enmarca la Economía del Cuidado como una propuesta que busca explicar, integrar y transformar las desigualdades de género entre hombres y mujeres, a partir del análisis económico y de género de la vida cotidiana con relación al trabajo productivo y reproductivo.

Solemos decir que en este mundo todo tiene un precio, aun cuando lo hagamos con profundo amor y “desinteresadamente”. El precio no siempre es económico, pero aquí vale la pena considerarlo desde ese punto y también recordando que  todo acto, conducta, hecho que desde el sistema familiar no sea “visto”,  “incluido”, “honrado” y “agradecido” se repetirá una y otra vez hasta que la compensación opere.

¿Qué tal si comenzamos a mirarnos con más equidad y con un corazón integrador? Reconocer a quienes nos cuidan y asisten es una “buena inversión”.

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Mirtha Inás Bouille es Coach y Constelaciones Sistémicas; creadora del "Método Invertir 180"; trainer en Abundancia y Prosperidad. La podés encontrar en Instagram como Invertir 180.


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