Fortaleza, una cooperativa que crece acompañada por la gente

VIDA SUSTENTABLE 25 de abril de 2021 Por Josefina Echezárraga
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Nacida en medio de la crisis del 2001, la Cooperativa Proyecto Fortaleza de Corrientes, que se encarga del recupero de residuos sólidos urbanos, vuelve a dar un giro en medio de la pandemia: se adapta y da ejemplo de que cuando se quiere, siempre se puede. Quintaesencia entrevistó a Mercedes Romero Pereyra, una de las coordinadoras y alma mater del grupo de recuperadores y recicladores de la primera cooperativa correntina que se dedicó a darle valor a lo que otros tiran. 

En el marco de las múltiples noticias sobre el Día Internacional de la Tierra, que se conmemoró el jueves 22 de abril, este medio decidió trabajar el tema poniendo como bandera el trabajo de este proyecto que permite subsistir a más de 60 familia, gracias al dinero que se genera por aquello que otros ya no utilizan. 

Mercedes nos atiende vía telefónica, ya que la pandemia la obliga a doblar cuidados para mantenerse saludable. Ella está acostumbrada a los medios, es que desde el 2001 a esta parte varias veces fue entrevistada por los medios de comunicación que buscan conocer su historia. “De que vamos a hablar”, comienza bromeando, es que sabe que siempre hay algo para contar. 

Contanos ¿qué pasó en el último año con la cooperativa?, porque ustedes se ocupaban de retirar los plásticos y residuos que quedaban de las fiestas más importantes de la ciudad el Chamamé y el carnaval, como así también de otros eventos masivos, ¿qué hicieron desde que todo eso terminó? 

¡Uf! Pasó de todo. Nos quedamos sin ese recupero que la verdad era muy significativo para la cooperativa, pero sucedió que durante la pandemia, la gente comenzó a entender que podía separar en sus casas, así que primero hubo un crecimiento en el movimiento de los Puntos Verdes, la gente salía del aislamiento para ir al supermercado y para ir al punto verde y al poco tiempo, comenzamos a recibir inquietudes de vecinos que nos pedían que pasemos por sus casas, vecinos que comenzaron a juntar en sus garajes, en sus patios, lo de ellos y los de otros vecinos, algunos nos comenzaron a traer al galpón y otros nos pedían que retiremos. 

¿La gente se hizo más consciente durante la cuarentena? 

Sí, muchísimo. Al principios pensamos que sería pasajero, una moda como le dicen, pero los pedidos comenzaron a crecer, así es que por teléfono, grupos de WhatsApp o videollamada, les explicaba cómo debían realizar el acopio, cosas mínima como la limpieza de las botellas, o cómo tratar los restos de vidrios rotos, que lo pongan en una caja con cinta. También les explicaba que podían darnos todo lo que quisieran porque, a la mayoría de las cosas, les encontramos una utilidad; siempre y cuando no tengan restos de comidas, porque eso nos complica el trabajo. 

¿Te convertiste en una educadora sobre separación de residuos en origen? 

(Risas) Sí, algo así. Pude ver que se habría una nueva puerta porque se empezaron a sumar consorcios enteros, edificios que se organizaban para juntar sus residuos, así fue que comenzamos a trabajar con agenda para estar más organizados, sentimos que la gente de toda la ciudad comenzó a escuchar de eso que veníamos hablando desde muchos años. 

¿Sentiste orgullo? 

No sé si orgullo, más que nada satisfacción. Porque al mismo tiempo que había más gente sumándose, había más gente en la calle con hambre. Lo vemos en los Puntos Verdes, cuando vamos muchas veces y pasaron otros recuperadores urbanos, metieron a los niños por las ventanitas de las casillas y sacan todo, eso es hambre y antes no pasaba. 

Pero sí me da mucha alegría ver que la gente ya no está esperando que venga el Estado y haga algo, entiende que las acciones pueden comenzar por casa, haciendo una botella de amor, separando y donando sus cartones, plásticos, vidrios, porque quizá para ellos es basura, pero para nosotros es dinero. 

Esta cooperativa nació con espíritu social, alejada de las banderías políticas.

¿Qué otro cambio notaste? 

Otro de los grandes cambios que se empezó a dar en los últimos tiempos, es que se sumaron los grandes comercios. Antes íbamos, les explicábamos que hacíamos y nos decían que no, hoy tenemos muchos locales grandes que nos piden que vayamos. Hay un cambio de mirada respecto a los recuperadores, han podido ver como trabajamos y lo que significa para las familias y para el ambiente que todo el plástico que tiran no vaya a parar al basural, sino que sea recuperado de manera correcta. 

Sin lugar a dudas que es un cambio profundo, lo vemos porque todos los días nos llegan mensajes de vecinos que se quieren sumar, que están trabajando en sus comunidades y que buscan generar acciones amigables con el medio ambiente. 

¿Esto permite crecer a la cooperativa? 

Sí, por supuesto. Hoy nos expandimos en Capital, por ejemplo, en el barrio Santa Rita, tenemos una familia entera de recuperadores que son de la cooperativa, que están haciendo una tarea fantástica, concientizan a sus vecinos recuperar material de todo tipo y hoy están viviendo de los ingresos que reciben. Eso sí me da orgullo, porque esta cooperativa nació con espíritu social, alejada de las banderías políticas pero entendiendo que debemos trabajar de manera coordinada con el estado y con otras instituciones de la sociedad civil, eso hacemos. 

En Ita Ibaté, tenemos un grupo de recicladores; también en San Luis del Palmar y en Caa Catí, donde todos los días su trabajo nos emociona. Es gente que le está poniendo mucha fuerza a esto acompañada por sus comunidades. Hasta ahí nos dio por ahora para extendernos, pero queremos seguir. 

¿Qué es lo que más tira la gente? 

Vidrio, sin dudas botellas de vidrio, es lo que menos valor tiene para nosotros ya que el kilo de vidrio triturado y embalado tiene un valor de $2 por kilo, (acá en Fortaleza) aclara, a comparación del plástico que listo para salir tienen un valor que va desde los $35  a los $38 por kilo.  

Qué se puede donar y cómo hacer

La cooperativa recibe todo tipo de plásticos, (bolsas, envases de shampoo, de productos de limpieza botellas, todo, siempre seco y limpio), cartón, papel, metales y vidrio. También madera, pallet, cajones de frutas, muebles. Y resaltan que también están recibiendo, ropa, zapatos, electrodomésticos. 

“Arreglamos todo lo que se puede, algunas cosas para nuestros trabajadores, otras para vender en el caso de que se pueda, en la mayoría de los casos quienes trabajamos en Fortaleza somos artesanos, por eso es que cualquier cosa que nos den la vemos como un producto que nos puede servir, que se puede convertir en otra cosa, tenemos la mirada y las manos preparadas, por eso es que todo nos sirve”, insiste. 

Quienes quieran donar lo pueden hacer comunicándose al celular 3795 061936 o a las redes sociales, en Facebook Cooperativa Proyecto Fortaleza y en Instagram Cooperativa Fortaleza

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Josefina Echezárraga

Periodista. Nacida en Puerto Rico Misiones, editora en Noticias Quintaesencia. Asesora de Imagen, creadora de la marca Josefina Loto Azul, imagen consciente. Cofundadora de 1816 consultora en comunicación.

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