Confesiones sentidas desde la “trinchera” del Covid en adicciones

COLUMNISTAS 16 de mayo de 2021 Por Redacción Quintaesencia
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Dr. Juan Alberto Yaría

Director General GRADIVA - Rehabilitación en adicciones

“…hay momentos de peligro en donde no se puede no estar…” (anónimo)

En un sitio de profesionales al cual pertenezco un médico intensivista se confesó:” no doy más con el teléfono …necesitamos psicólogos…esto está que arde”. Me sorprendió esa confesión dirigida a miles y máxime por la categoría y la capacidad del que lo mandaba al sitio pidiendo ayuda. Así estamos.

En otro sitio de profesionales algunos manifestaban pánico ante la situación epidemiológica en donde se anunciaba un “colapso” y me atreví a aconsejarles lo siguiente: “serenidad en las crisis, templanza, buen servicio, cuidar la salud y fortificar el equipo de trabajo”. Les sorprendió mi respuesta porque no era una respuesta técnica que era lo que pedían ansiosamente, pero me lo agradecieron.

Dirijo junto con un grupo de profesionales una institución dedicada al tratamiento de patologías severas adictivas y desde Marzo del 2020 cambió todo el panorama de los tratamientos también nuestras vidas. Las febrículas o los catarros que podían ocultar la enfermedad COVID pasaron a ser más importantes que la tarea habitual de desintoxicación y de comprensión de la vida de una persona que llegaba deteriorada por un consumo inveterado de sustancias y de traumas y duelos de años.

Las grandes reuniones con familiares se suspendían. Los grandes grupos de contacto entre todos los residentes también. Pero lo más importante es que nuestra vida como profesionales cambiaba a pasos agigantados. El miedo, la angustia y la incertidumbre nos invadían. No solo por el problema posible de infección de los pacientes sino por nuestras propias vidas y de nuestros familiares.

Nuestras vidas habían cambiado. En más de 50 años de profesión no había vivido nunca nada así. Además, con algunas quiebras de sistemas de financiación de los tratamientos y los retrasos que nunca impidieron los pagos al personal todo se transformaba en más difícil e incierto.

Desde Marzo del 2020 se hacía cierto aquella frase “lo solido se desvanece en el aire”. Personalmente mi compromiso ético con la profesión y con la vida se acentuó.

El stress en los profesionales - fortificar al “huésped” 

El stress fue un compañero de nuestras vidas y también la sombra de la muerte o de la invalidez como “Espada de Damocles” (algunos amigos de otras instituciones murieron en la tarea asistencial), así como los ejemplos de heroísmo que vi en muchos profesionales y miembros del personal que no faltaron nunca e incluso dormían en la institución para ayudar más y desde hora temprana en todo el proceso de recuperación. 

Desde este punto de vista crecí y crezco como persona y como profesional y lo mismo siento en el equipo que me acompaña.

Aprendimos a lidiar con el stress: reuniones para compartir angustias, tener consultores en infectología a teléfono abierto, sostenernos cuando algún miembro estaba en pánico y la situación no lo ameritaba. Apostamos a superar esta adversidad nunca vista en nuestras vidas fortificando nuestra resiliencia y bloqueando las vulnerabilidades y apelando a nuestras fortalezas.

 El Profesor de Actividades Físicas de la Institución nos ayudó mucho a descargar tensiones, relajarnos, hacer yoga, meditación, así como una alimentación a base de verduras, frutas, pescado, etc. Todos fuimos siguiendo pautas de vida saludable antiestrés y los convocamos a los residentes a lo mismo y era emocionante ver a decenas de pacientes que nunca habían pisado un gimnasio realizar actividades tres veces por semana. Los casos de COVID fueron mínimos y leves con un gran esfuerzo de control de anticuerpos permanentes (tests de antígenos) y de PCR. 

Incluso los propios pacientes valoraron mucho más la vida a pesar del riesgo del COVID y máxime teniendo en cuenta la vida traumática e incluso alienada que habían vivido. 

Apelamos a fortificar el huésped (nosotros mismos) ante la contaminación del virus y el contexto desfavorable. El huésped tiene un sistema inmunológico que había que fortalecer (peso, curvas de glucemia, presión arterial, actividad física, descanso, reconciliarse con uno mismo y con los demás después de años de peleas narcisistas, entre otros).

Magnificar al virus sin tener en cuenta al huésped es algo que no es conveniente. La fortaleza de nuestra salud o la recuperación de nuestras comorbilidades es clave. El contexto de estos residentes en tratamiento fue difícil (abandonos, desordenes vitales, descuidos, etc.) pero debíamos trabajar sobre esto en un medio curativo y un contexto saludable como lo es la comunidad terapéutica.

El contexto también es no “intoxicarnos” con noticias en muchos casos falsas desde ciertos medios. Las noticias eran tamizadas por nuestros infectologos que mostraban la realidad de la pandemia.

El contexto de pánico social

 Al mismo tiempo recibíamos en el correr del año 2020 y 2021 los que habían vivido bajo los efectos del confinamiento. Asustados, en pánico, angustiados. Temiendo al virus lo buscaban. Con verdaderas fobias sociales y en pánico. Un catarro desde la hipocondría angustiosa ya era-para ellos- COVID y todo se desplomaba ansiosamente. La sombra de la muerte circunda como la otra cara de la angustia persecutoria con el virus como enemigo.

Otros con empresas quebradas y dejando sus últimas pertenencias con la cocaína como compañeras y con parejas adictas. Suicidas a plazo fijo. La pregunta incesante de ellos era ¿Cómo empezar de nuevo?,¿…que quedará de lo que había? .

 Vencidos, con síndromes metabólicos, sin esperanza llegaban en tropel y solo apañados y acompañados por un carnet de seguro social medico ya que sus familias los habían abandonado. Escenas de postguerra vivimos. Y con una pregunta sin respuesta que era la de todos ¿…cuándo terminará esto? .

 Aparecen las fobias sociales, encerrarse, no hablar, imaginar un futuro que es “no futuro” con catastrofismo por doquier y siempre eligiendo la opción negativa. Quizás por primera vez sienten la fragilidad de la existencia humana cuando antes estaban rodeados de “polvos mágicos” y celulares que omnipotentemente lo conectaban con cualquier lugar. El gran sueño tecnológico cae con el virus. Vuelve Blas Pascal:” somos solo un débil junco que piensa” …la fragilidad nos hará más sabios.

 Esta pandemia nos toma en un momento cultural de cambio y deterioro de los vínculos humanos fruto de la postmodernidad: parejas rotas al poco tiempo de vincularse, hijos-muchos de ellos abandonados- y que ahora ni siquiera tienen el colegio como vehículo de sostén, una lenta de-socialización de la comunidad por las crisis familiares lo cual lleva a la llamada “incomunicación de las existencias”, la caída de la escuela y la calle o el aparato tecnológico como centro de las vidas y conjuntamente el aumento del consumo de estupefacientes en los últimos 20 años. Junto a esto un aumento de pobreza y la desigualdad social.

Pandemia Covid - Salud Mental - Adicciones

Paralelamente al COVID aumenta el consumo y la venta de estupefacientes. Es mundial; en parte debido a los efectos de incertidumbre y del confinamiento, pero al mismo tiempo porque las organizaciones de venta han aumentado su poder y surcan vías marítimas y carreteras con libertad. Las entregas han agregados elementos tecnológicos, el uso de internet y de Instagram es fuerte, las fiestas clandestinas sirven para el trafico libre de sustancias, los “take away” son un elemento nuevo de entrega a la mano. Las plantaciones de marihuana en jardines son comunes en ciertos ámbitos y parecen ser un “aperitivo” para otras drogas.

USA que lleva estadísticas muy certeras revela un aumento de sobredosis de opioides con muertes aumentadas año a año del 57% (Healthy Day -Marzo 2021).37 Estados han informado el aumento de muertes de un año a otro. A su vez m10 Estados Europeos anuncian un aumento del 98 % de muertes relacionadas con opioides.

En Colombia hay una campaña contra el Presidente porque tira glifosato a los campos de amapola (opioides) y los vendedores ponen “precio” a su “cabeza” porque dicen que el glifosato mata y las autoridades dicen que es el opioide lo que mata. 

Al mismo tiempo hay una campaña con eje en USA para promocionar legalmente la plantación casera de marihuana y con impuestos al 13 % a la venta minorista. Tiempos complejos y contradictorios. Los que trabajamos en adicciones sabemos que en cierta población vulnerable cuando un estupefaciente “hackea” los sistemas cerebrales de placer , motivación y recompensa (la marihuana lo es) la búsqueda de otras sustancias esta ahí…

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