“Casas de vida” vs. “Triángulo de Bermudas"  

COLUMNISTAS 06 de junio de 2021 Por Redacción Quintaesencia
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Yar

“…hoy surge un Hombre con una singular desprotección institucional, un “hombre a la intemperie”.
(A. Touraine).

(*) Por Juan Alberto Yaría 

Las “Casas de Vida” son la respuesta humanista y terapéutica ante la “megabarbarie” planificada y masificada como consecuencia de la venta y consumo indiscriminado de drogas, la “errancia” de los amores con políticas antinatalistas y des-protectoras de los niños que nacen (nuestro país ha bajado notablemente los índices de natalidad) y la emergencia del individualismo en donde la noción del Otro y los otros queda enceguecida por la inflación del Ego.

Así van creciendo “nadies” por doquier que como “mutantes” vagan por la ciudad. La “casa de vida” es el nombre que hoy le doy a la comunidad terapéutica como protección y reparo ante la “megabarbarie planificada” aumentado esto enormemente por la pandemia de COVID. La calle es su destino o tugurios llenos de “dealers” y perversos antisociales.

El “Triángulo de las Bermudas “es el fuego de la muerte y de las espirales destructivas que masivamente “tragan y degluten” a los “nadies” que mientras consumen a la vez son consumidos siendo, estos, miles en lugares antihumanos. Desde barrios con decadencia habitacional, sin escuelas, familias que contengan hasta lugares VIP en donde las ausencias son más fuertes que las abundancias vacías que pululan por doquier. La intemperie simbólica es el elemento central, así como las carencialidades afectivas.

Historia de vida

Nos podemos rescatar del “Triángulo de las Bermudas”. El desarrollo de las casas de vida es fundamental. Jorge caminaba sin parar por la sala de desintoxicación. Había sido traído en el 2014 luego de meses de consumir “crac” en su barrio (una de las tantas villas del conurbano de la ciudad de Buenos Aires) lindantes con el conurbano bonaerense.

Semanas enteras sin dormir. Ansiedad grande. Abstinencia voraz. Casi ni hablaba. Su envejecimiento cognitivo era evidente en sus 17 años. No podía articular palabras ni recordar consignas.

Su padre había muerto por el uso de drogas y el Sida. Solo recordaba de él la imagen en una sórdida cama en un Hospital público. Esa imagen lo perseguía ya que fue la única presencia vivida de una figura que necesita ser sustancial en la vida de un niño.

La madre estoica se alineó con nosotros como una verdadera garante de un tratamiento. Eso le pedimos y lo hizo. Tenía otro hermano de otra madre que fue “elegido” en el barrio como un “mutante” del consumo, un “nadie” vagando por las calles e incluso con armas en su poder. Anda, ahora, perdido por la vida. Se lo “tragó” el Triángulo de las Bermudas”.

Jorge durante un año y medio de tratamiento intensivo de no consumo, psicoterapia, grupos de prevención de recaídas, grupos de convivencia, reuniones familiares, asambleas multifamiliares, actividad física planificada y ligada también a la recuperación neurológica luego de tanta destrucción neuronal; fueron elementos salvíficos para la recuperación.

La madre los fines de semana cuando iba a su casa parecía funcionar como un “acompañante terapéutico” ya que al lado del departamento en torre que vivían se vendía drogas. La ida al almacén barrial era todo un recorrido de alta complejidad por la cantidad de vendedores o consumidores que se encontraban en el camino.

Fue renaciendo. La comunidad terapéutica cumplió su función.

A su hermano se lo tragó el “Triángulo de las Bermudas” del barrio. Jorge, mientras tanto, pudo resucitar o sea el alma le volvió al cuerpo y se salvó (salud deriva de salvación). Fui conociendo a su novia, luego esposa y también a sus hijos a quienes traía como ofrenda de agradecimiento. Trabaja en un empleo legal y trae el pan -como decían los antiguos- “con el sudor de su frente”.

En un mensaje que me mandó me mostro la foto de sus dos hijos ya más grandes y decía que “no tuve padre, pero quiero darles a ellos un Padre”. Me emocione. Lo leí a las 7 de la mañana y le dediqué un abrazo y felicitación.

 La pandemia nos llama a la humanización

Aumentan el consumo de drogas y de pastillas tranquilizantes en esta época. Es la voz de la desesperación la que clama y la clínica de las soledades masivas resquebraja las diversas farmacias legales o ilegales existentes. Todo vale desde la bicicleta de reparto de comidas entre otras cosas hasta las ventas on-line.

El consumo de pastillas ansiolítica aumento un 20 % en todo el mundo. Esto en estadísticas del mercado legal; pero todos sabemos que estos psicofármacos tienen un mercado ilegal enorme. Cuesta dormir, contener la ansiedad, “parar” y pensar, aceptar la realidad y por ende la frustración.

Al mismo tiempo sube el consumo de antidepresivos. ¿Cómo vencer esta neo-melancolía actual en donde la noción de futuro se angosta junto a las posibilidades de trabajo?

Las drogas se multiplican en la desesperanza o sea en la perdida de la esperanza, en las neo-melancolías en donde el “No-Futuro” flamea con fuerza.

A su vez baja el índice de natalidad. Para que tener hijos en este mundo parecería decir este mensaje neo-melancólico unido además a políticas antinatalistas mundiales.

Caen, a su vez, en nuestro país un 20 % entre 2014 y 2019 los índices de natalidad. Seremos un país de gente de edad al fin, ya que no superan la cantidad de nacimientos el índice de reemplazo poblacional.

La tasa de natalidad cae desde 2014 y en el 2020 se mantiene a la baja. La cantidad de hijos por mujer que hasta el 2014 superaba los 2,32 cayó casi un 22% (1.81). Es decir que estamos por debajo del nivel de reemplazo poblacional que es 2,1. (Notivida-2021-Revista Hispanidad de España)

Nos espera lo que se llama hoy un “invierno” demográfico. Menos activos para mantener a más pasivos. Ya muchos preanuncian que es necesario legislar la eutanasia como en algunos países de Europa.

Eutanasia social

El hijo en la cultura judeocristiana es el signo de la Promesa; porque ambas son religiones de la Promesa. Vendrá algo mejor en lo religioso el Mesías y en lo terrenal la promesa es el Hijo. Esto cayo como las Torres Gemelas por los 2.000.

En la clínica actual vemos Padres melancolizados e hijos que parecen sobrar, abandonados, carenciados e incluso sometidos a un “Pacto criminoso” de padres que en “Pactos de silencio” permiten avanzar los consumos y conductas destructivas.

La apuesta al Individuo, lo financiero, los regímenes de signo autoritario, lo tecnológico y en las ilusiones terrestres fatuas llevan a la caída de las instancias culturales que sostienen al sujeto: familia, escuela, cultura barrial, creencias espirituales, el trabajo como transformación productiva. Todo “lo solido se desvanece en el aire” como decía Marx y se ilusionaba desde la cárcel Gramsci.

Pero frente a esto recordemos a Baudelaire que decía ante el panorama que se avecinaba como crisis de la esperanza y de la desesperación y por ende de todo proyecto humano:” …el mundo camina hacia su ruina, la única razón para su permanencia es su existencia efectiva”. Como un edificio que está en pie, pero en ruinas.

Lo presentía Unamuno y Kierkegaard, la poesía de Leopardi. La ilusión de la esperanza progresista del siglo XIX no se iba a poder sostener porque la mundanidad sin sustento no tiene futuro. La divinización del Hombre y de la Ciencia tenía patas cortas; en el siglo XIX empieza a desplomarse la esperanza progresista.

El “Triángulo de las Bermudas” que observamos en distintos lugares geográficos es el signo de una eutanasia social que se ejecuta como signo de la desesperanza. Las casas de vida son los lugares de un resguardo de la humanización. Se puede, pero como decía María Teresa de Calcuta “de a uno” …por ahora.

 

(*) Director General Gradiva - Rehabilitación en adicciones.

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